Sugerencia de mentemente
Fuente: https://artsandculture.google.com/story/el-astr%C3%B3nomo-rmn-grand-palais/2gUB_w37FgG5KQ
Esta obra consta en listas de obras de arte que deberíamos conocer en el transcurso de nuestras vidas.
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Sugerencia de mentemente
Fuente: https://youtu.be/aDNrq_V4ORE
Sugerencia de mentemente
Álbum compilatorio anual del sello discográfico Paraíso Modular Records, que incluye artistas emergentes y otros no tanto.
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Sugerencia de mentemente
El humor, como todo en esta hermosa y mágica vida, es diverso, y aquí encontrarás de todo un poco.
Fuente: https://youtu.be/SZDGbyl4xt8
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Sugerencia de Canto de Tutivillus
Por: Miguel Aucatoma S.
Pues el universo es como todo lo que hay en él, con frecuencia tenemos que mirarlo una y otra vez para poder verlo. Y sólo cuando lo hemos visto por enésima vez lo estamos viendo por vez primera. Cuanto más sistemáticamente contemplamos las cosas, más tienden a unificarse y, por lo tanto, a simplificarse también
G.K. Chesterton, Varied Tipes, 1908.
Cuando Stefan Zweig detalla en uno de sus ensayos del compilatorio “Tres Maestros” una descripción del rostro de Dostoievski, se me hizo inmediata la conexión con una frase muy recurrida para describir a los rusos, aquella que dicta que “si escarbas en el alma de un ruso encontrarás un campesino”, esta no viene de una obra literaria, sino que terminé descubriendo es una variación muy interesante de un proverbio europeo1. La referencia para conectarla me vino del recuerdo de la película de 1965 de David Lean, Doctor Zhivago, y en efecto está ahí, aproximadamente, a las dos horas y quince del metraje, cuando Alexandr Gromeko la pronuncia y es corregido por Tonia. Debo indicar que dicha frase no aparece en el libro de Boris Pasternak. Las variantes de esta frase van desde “si escarbas en el alma de un ruso encontrarás un campesino/oso/bárbaro/cosaco/tártaro”, pues bien, aquí tomaré la variante del campesino, porque tras volver a visualizar la película para refrescar la referencia y luego toparme con el imponente ensayo de Zweig puedo conducir algunas ideas. Solo como anotación importante, también llegué a saber que el mismo Dostoievski ocupa la variante “tártaro” de la frase en uno de las entradas de sus “Diarios de Escritor”, así quedan esbozadas las pistas antecedentes que animaron mi redacción.
Sirva esto para que este arrebato de escritura conduzca hacia las figuras de Tolstoi y Dostoievski, de quienes sin duda ya se han encargado mentes más lúcidas, enérgicas y doctas, pero el torrente es inevitable y es necesario dejarlo salir. Acercarse a estas figuras —de un modo que parece inevitable— llevan a senderos que aun con poco talento ansían ser explorados (o redescubiertos, de acuerdo al personaje que se atreva). ¡Qué pobre y pequeño ante tamaña empresa!, pero aquí estoy.
Es que ya Zweig describe magistralmente ese rostro campesino y eslavo de Dostoievski y, por otro lado, podemos conectar los retratos del ermitaño Tolstoi — resaltando su inquietud siendo de los primeros en usar las promesas tecnológicas de otro siglo que también presenció—, esos retratos que exponen la dura figura que recuerda al campesino.
Cómo es que ambos criticasen al modo de vida de su siglo de manera tan punzante y se elevasen a competir con la figura de los zares en sus modos, sin aparentes consecuencias y terminasen en adoraciones casi de culto, diferentes en concepción, pero con masiva convocatoria. Vamos puntualizando: Dostoievski, no es que estuvo del todo librado, escapó de la final sentencia en la juventud y se endureció en las lejanas tierras de Siberia, pero lo que hace — luego de replantearse su universo en sus trabajos y escritos —llegó a ser más firme y agudo que la lectura secreta de los manifiestos en el Círculo Petrashevski que lo llevaron a ese primer castigo. Ahí ya con ese nuevo barniz resistente y compacto parecería que no podía ser conducido una vez más a puniciones de los regímenes a cargo, a pesar de las tentativas de desorden que procurase o inspirase.
Tolstoi, en otro extremo, se autoflageló dirigiéndose a la cruenta guerra que, sin duda, debe dejar cicatrices profundas comparables a los exilios en Siberia, pero del mismo modo y años más tarde, tras su revelación como una especie de gurú, la adopción de su visión llegó a significarle una excomulgación, pero nada desde el oficialismo cuando algunos lo llegaron a proclamar como el segundo zar, el zar moral.
Es que acaso esas épocas, ocupadisimas en eternos conflictos hacían que estas figuras se mantengan como en paralelo sin aparentes consecuencias, para posiblemente evitar un aumento en la conflictividad de un ambiente que de forma irremediable se desbocó cuando aquellas figuras ya desaparecieron físicamente. De manera optimista, podemos creer que el magnánimo contenido de cada uno de sus escritos llegaba a conmover tan profundamente que, incluso a los casi divinos zares les hacía cuestionarse y ponerlos en el más feroz enfrentamiento ante la descarnada, quebradiza naturaleza humana.
Es que esto es imposible no palparlo, porque nadie sale ileso al leer a cualquiera de este par y también a otros grandes creadores del siglo XIX ruso, algo que ya empezó con Pushkin, quien asimismo no dejaba de crear poemas y obras retadoras, Pushkin se apasionó completamente por el ‘liberalismo’ y criticaba el ‘despotismo’ en conversaciones, cartas y poemas. —extrañamente no fueron totalmente conectadas o se libraba de esa conexión— contra los poderes oficiales —aunque había más de un indicio de su apoyo a los decembristas—, sin embargo, más allá de destierros que sin duda resultaban incómodos, fueron hábilmente aprovechados para lograr las máximas creaciones que nos legó en ese “Otoño de Bóldino”. Ni que decir de Nikolái Gógol y su sátira, que mediante un peculiar humor llegaba a criticar la forma absurda de la realidad rusa, evidente milagro cuando el mismísimo zar permitió la representación de su invectiva obra “El inspector”. También Iván Turgenev, que aun siendo el más lejano de su tierra, creó una obra que avivó ese sentimiento de negación de todo y que sin duda alimentó a jóvenes de una manera diferente para plantear otra forma de revolución.
Todos aquellos atentando contra las condiciones del poder y mostrándoles en la cara sus planteamientos.
A lo que voy es que ninguno de los nombrados terminó con sentencias ejecutoriadas mortales por estos tanteos, en regímenes que fueron muy duros, muy crueles, basta traer a la mente algunos tratados al respecto en la pluma intensa de estos genios, tomemos “Recuerdos de la casa de los muertos” o “Nikolai Palkin” que me vienen a la mente de una serie de posibles muestras.
Hubo alrededor cuestiones, si cabe el término, ejemplificadoras desde el poder a cargo, pero que en la cúspide creativa poco intervinieron. Es que el mismo espíritu virtuoso que deambula en los tiempos protege estos planteamientos a toda costa y tiene como misión conducirlos a los rincones universales, a pesar de las circunstancias, no con esto justifico las desgracias de estos notables escritores, sino ese goce inmemorial de que su talento no se haya callado tempranamente; ese esplendor que se nos reparte para nuestra sorpresa y agradecimiento.
Se puede pensar, ¿Es que había más libertad de la que se sospechaba en esa época o es como decía una rendición a un talento desbordante que desarmó esos implacables métodos?
Tal vez era signo inequívoco de un tiempo de contradicciones, controversias, reflejos. Tolstoi, llevando al extremo su lujuria y reivindicándose en un servicio militar primero, vida familiar después y más tarde en un ascetismo memorable, o Dostoievski mencionando que después de la experiencia de la cercanía a un fusilamiento le haría replantear su vida para luego caer en los más oscuros excesos en el juego. No estamos en capacidad de entender, menos de simplificarlo, al menos no de la forma tradicional, sino tal vez como lo entendía otro magnífico, de otra latitud, G. K. Chesterton, al hablar de este fenómeno, cuando escribe precisamente de las particularidades de Tolstoi.
¿Qué pasaría si se encontraban estos portentos de la literatura, Tolstoi y Dostoievski durante su metamorfosis? ¿Qué en realidad hallaría cada uno al raspar el alma del otro?; unos atisbos los tenemos cuando, por ejemplo Turgenev formó amistad con Tolstoi y los resultados fueron también extraños en una separación que nunca llegó a buen término, otro, cuando el ermitaño notaba la apremiante necesidad económica en el estilo de escritura de Dostoievski al leer uno de sus libros, que nunca lo terminó, aun cuando en su haber, vivía cómodamente (pero no a gusto) en su enorme propiedad, y una de sus magnas obras superaba en casi 300 páginas a la del objeto de la crítica. En el otro sentido de la ecuación, las escuetas palabras acentuaron lo moralista y simplista, pero nunca llegaron al enfrentamiento directo.
Posiblemente —y hay que ser cauto en dar criterios— cada uno de estos atemporales seres tenía una agenda inentendible para los mortales que hasta ahora nos sorprende y no paramos de conectar todo el legado que con sus estilos nos heredaron. Como en las grandes épicas, su proceso debía mantenerse de esa forma única, en el trayecto aciago —si se opera a nivel destino — para escribir/describir las leyendas que se tejen a su alrededor, conformando una especial mitología del ser humano moderno, mitología que no deja de atinarle a nuestros torpes despropósitos y fallos.
La especulación de armar un hipotético escenario, en que hallaríamos, a Dostoievski y Tolstoi, en uno de los despiadados juegos de apuestas, en sus etapas más lóbregas, desborda las formas del pensamiento y en cuánto, este encuentro, hubiese moldeado los escenarios de su estilo, hace replantear una vez más lo frágil de las delgadas líneas que conforman la realidad y el valor inexplicable y absurdo de eso que nombramos coincidencias.
Nabokov —otro real heredero de ese espíritu— puso a estos personajes en sus cursos y libros, se cuidó mucho de no cruzarlos sino en la medida justa, su criterio erudito basta para desistir de especulaciones, y más aún de análisis fútiles, pero una vez más la culpa —si hay que atribuirla a algo— es del impulso de querer compartir una mirada humilde pero que pugna por aparecer, para que se note y se acentúe que aún en los seres más minúsculos, el cuestionamiento de certidumbres, el desistir de desvanecerse, y todos los golpes a la linealidad y la conformidad que hicieron desde ese siglo, terminan operando a niveles moleculares incluso, para que se derrame un razonamiento. Razonamiento que —muy seguramente— se agotará en el mar de la intrascendencia actual, pero que alimenta débilmente la fuente de inmortalidad de estos seres a los que siempre deberemos mucho como humanidad, y que estamos llamados a contribuir, aún con un sencillo hilo, hacerlo entonces es necesario, no por la asegurada inutilidad de un escrito novato, sino porque es lo que el espíritu generoso clama en sus estelas.
1 Para ampliar al respecto, el lector puede referirse al ensayo «Scratch a Russian…”: transformations of the “European proverb” » del autor Dushenko K.V. del que estimé una aproximación de la parte que entendí en el resumen, dado mi escasísima comprensión del idioma ruso.
Sugerencia de Spa Musical
Por: Stalin Cardenas
Cómo una película sueca de 1957 sigue sonando en el rock, el post-punk y la música experimental
si quieres ver la película en español latino dar clic en el poster
Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=daJ-tsBCPV4
Existen películas que entretienen. Otras que marcan una época. Y unas pocas que terminan convirtiéndose en símbolos culturales capaces de sobrevivir mucho más allá de la pantalla. The Seventh Seal (El Séptimo Sello), dirigida por Ingmar Bergman y estrenada en 1957, pertenece a esta última categoría.
Incluso quienes jamás han visto la película reconocen una de sus imágenes más famosas: un caballero medieval jugando una partida de ajedrez contra la Muerte. Esa escena ha sido citada, reinterpretada, homenajeada y parodiada durante décadas en el cine, la televisión, la literatura, el arte y, especialmente, en la música. Lo extraordinario es que Bergman nunca pretendió crear un icono de la cultura popular. Su intención era mucho más profunda: reflexionar sobre el miedo, la fe, el silencio de Dios y el significado de la existencia humana en un mundo atravesado por la incertidumbre.
Ambientada durante la peste negra del siglo XIV, la película sigue al caballero Antonius Block, interpretado por Max von Sydow, quien regresa de las Cruzadas para encontrar una Europa devastada por la enfermedad, el fanatismo religioso y la desesperación. Cuando la Muerte aparece para reclamarlo, Block propone una partida de ajedrez. Si gana, podrá seguir viviendo. Si pierde, deberá aceptar su destino.
La partida es simple. El significado es inmenso.
Porque el ajedrez nunca fue realmente contra la Muerte.
Era contra el miedo.
Contra la duda.
Contra el vacío.
Y, sobre todo, contra el tiempo.
Aunque la historia transcurre en la Edad Media, The Seventh Seal es en realidad una película profundamente moderna. Fue creada apenas doce años después de la Segunda Guerra Mundial, en una Europa que todavía intentaba comprender el horror de los campos de concentración, la amenaza nuclear y la pérdida de muchas certezas religiosas y filosóficas.
Bergman tomó las preguntas que atormentaban a su generación y las trasladó al lenguaje de una parábola medieval.
¿Existe Dios?
¿Hay algo después de la muerte?
¿Tiene sentido la vida si nuestro final es inevitable?
Son preguntas tan antiguas como la humanidad y tan actuales como el titular de cualquier periódico.
No resulta extraño que estas mismas inquietudes terminaran convirtiéndose en materia prima para innumerables músicos décadas después.
La influencia de The Seventh Seal sobre la música es mucho más amplia de lo que suele reconocerse.
Uno de los ejemplos más evidentes aparece en 1969 cuando Scott Walker publica «The Seventh Seal» dentro de su extraordinario álbum Scott 4. A diferencia de otros homenajes más simbólicos, Walker adapta directamente la narrativa de la película. La canción describe el regreso del caballero de las Cruzadas, su encuentro con la Muerte, la devastación provocada por la peste y la búsqueda desesperada de respuestas. Más que una canción inspirada en Bergman, funciona como una versión musical de la película, transformando las imágenes del director sueco en una épica composición orquestal.
Pero la influencia de Bergman no terminó allí.
Grupos como Dead Can Dance construyeron universos musicales donde la espiritualidad, el misticismo medieval y la contemplación de la muerte parecen dialogar constantemente con el imaginario visual de The Seventh Seal. Álbumes como Within the Realm of a Dying Sun o The Serpent’s Egg parecen desarrollarse en el mismo territorio simbólico que la película, Otro caso notable es The Host of Seraphim, aunque suele asociarse al neoclásico oscuro y al ambient, su atmósfera ceremonial y casi litúrgica evoca la misma sensación de trascendencia, temor y misterio que recorre la película de Bergman.
El uso de cánticos y lamentos por parte de Lisa Gerrard funciona en la música de manera muy análoga a cómo el arte sacro y las danzas de la muerte operan en la película de Bergman, sirviendo como un vehículo para el dolor y la contemplación humana.
El post-punk heredó muchas de las preguntas que plantea Bergman. Tras la explosión inicial del punk, varias bandas comenzaron a explorar territorios más introspectivos y existenciales.
⚫ Post-punk contemporáneo: Bergman sigue hablando a nuevas generaciones
La influencia de The Seventh Seal tampoco se limita a los pioneros del post-punk. Más de seis décadas después del estreno de la película, el trío estadounidense The Cult Sounds publicó en 2021 la canción The Seventh Seal. Lejos de utilizar el título como una simple referencia estética, la composición retoma algunos de los temas centrales de Bergman: la inevitabilidad de la muerte, el juicio final y la fragilidad humana frente al paso del tiempo. La canción demuestra cómo las preguntas formuladas por el director sueco en 1957 continúan resonando en una nueva generación de artistas vinculados al post-punk, un género que históricamente ha encontrado inspiración en la introspección, la incertidumbre existencial y las zonas más oscuras de la condición humana.
Pocas canciones representan mejor la aceptación de la mortalidad que All We Ever Wanted Was Everything de Bauhaus. La canción no habla directamente de la muerte, pero sí de la pérdida, el desencanto y la conciencia de que todo lo que consideramos permanente terminará desapareciendo. Bergman habría entendido perfectamente ese sentimiento. En la canción, se mencionan pequeños actos mundanos como «subir, comer mermelada», contrastando con la inmensidad de lo que no se pudo alcanzar. En el filme de Bergman, el momento más memorable de paz y aceptación para el caballero ocurre cuando comparte un cuenco de fresas y leche con una familia de artistas ambulantes, un respiro sencillo y humano antes de que caiga el telón.
La visión medieval y existencial de la muerte reaparece constantemente en el heavy metal, el rock progresivo y el post-punk. La idea de la danza macabra presente en The Seventh Seal encuentra ecos evidentes en obras como «Dance of Death» de Iron Maiden, donde la muerte deja de ser una amenaza abstracta para convertirse en una presencia inevitable que acompaña a todos los seres humanos. La canción describe una experiencia donde el protagonista es arrastrado a una celebración espectral que recuerda a las representaciones medievales de la muerte danzante que inspiraron a Bergman. El guitarrista se inspiró particularmente en la famosa escena final de la película, en la cual se ve a los personajes silueteados caminando por el horizonte tomados de las manos y haciendo una pequeña danza, lo que representa la «danza de la muerte».
Bandas como Candlemass heredaron directamente esa tradición escandinava donde religión, culpa, juicio final, la espiritualidad y mortalidad forman parte esencial del paisaje cultural. Canciones como «Solitude» parecen desarrollarse en el mismo paisaje emocional que habita Antonius Block durante su viaje. Escuchando algunos de sus discos resulta difícil no imaginar las mismas sombras, iglesias y paisajes desolados que recorren el cine de Bergman. La conexión del cine de Bergman con el metal es simplemente una coincidencia estética que ha sido muy aclamada por la crítica; de hecho, la icónica escena del caballero jugando al ajedrez con la Muerte en la playa es frecuentemente considerada por el público como una de las imágenes más visualmente ligadas al metal pesado en la historia del cine.
En la música experimental, la influencia de Bergman suele ser más conceptual que narrativa.
«The Drift«, de Scott Walker, lleva hasta el extremo las obsesiones existenciales que ya aparecían en «The Seventh Seal«. La fragmentación sonora, los silencios y la sensación constante de inquietud convierten la escucha en una experiencia casi psicológica.
Algo similar ocurre con «I Have a Special Plan for This World» de Current 93. Más que una canción, es una meditación oscura sobre el significado de la existencia, la fragilidad humana y el fin inevitable. Las preguntas son las mismas que planteaba Bergman en 1957; simplemente cambiaron los instrumentos.
Quizás uno de los aspectos más fascinantes de la influencia de Bergman es que muchas veces no aparece de manera explícita.
David Bowie nunca grabó una canción llamada The Seventh Seal, pero buena parte de su obra gira alrededor de las mismas preguntas que atormentan a Antonius Block. Desde las inquietudes espirituales de Station to Station hasta la conmovedora despedida que representa Blackstar, Bowie convirtió la reflexión sobre la mortalidad en uno de los grandes ejes de su carrera artística.
Algo similar ocurre con Depeche Mode. Una de las referencias más recientes y emotivas al imaginario de Bergman aparece en «Ghosts Again«, del álbum Memento Mori de 2023, concebido tras la muerte de Andy Fletcher, la presencia de la finitud humana atraviesa todo el proyecto. En el videoclip de «Ghosts Again«, Dave Gahan y Martin Gore aparecen jugando ajedrez en diversas localizaciones de Londres. La referencia visual a Bergman es evidente: dos músicos veteranos enfrentándose simbólicamente a aquello que ningún artista puede evitar.
Sin embargo, el mensaje es distinto.
Mientras el caballero de Bergman juega para retrasar lo inevitable, Depeche Mode parece aceptar la partida con una serenidad melancólica. No se trata de vencer a la muerte. Se trata de seguir creando mientras la partida continúa.
Aquí es donde la película adquiere una dimensión todavía más profunda.
Desde la perspectiva de Carl Jung, la Muerte que aparece en The Seventh Seal puede entenderse como un arquetipo universal. No es simplemente un personaje. Es una representación simbólica de aquello que toda persona sabe que existe pero prefiere ignorar.
La Muerte es la Sombra definitiva.
La frontera que ningún ser humano puede cruzar sin transformarse.
El límite que da sentido a todo lo demás.
Para Jung, el proceso de individuación consiste en integrar conscientemente aquellas partes de nosotros mismos que solemos rechazar o esconder. En este contexto, la partida de ajedrez entre Antonius Block y la Muerte puede interpretarse como un diálogo interior. No estamos observando únicamente a un hombre enfrentándose a su final, sino a una conciencia intentando reconciliarse con su propia condición humana.
Por eso la escena sigue siendo tan poderosa.
Porque todos jugamos esa misma partida.
La jugamos acumulando experiencias.
La jugamos construyendo proyectos.
La jugamos buscando respuestas.
La jugamos escribiendo libros.
La jugamos haciendo películas.
La jugamos componiendo canciones.
Quizás ahí se encuentre la conexión definitiva entre Bergman y la música.
El caballero intenta ganar tiempo.
Los artistas intentan dejar huellas.
Ambos saben que la victoria absoluta es imposible.
Sin embargo, siguen jugando.
Cada canción grabada.
Cada libro publicado.
Cada película filmada.
Cada fotografía tomada.
Son movimientos sobre el tablero.
Pequeños desafíos lanzados contra el olvido.
Y tal vez esa sea la razón por la que The Seventh Seal continúa resonando casi setenta años después de su estreno. Porque más allá de su contexto histórico, de sus referencias religiosas o de sus lecturas filosóficas, habla de algo que todos compartimos.
La conciencia de que el tiempo es limitado.
Y la necesidad profundamente humana de hacer algo significativo antes de que la partida termine.
La mayoría de las personas recuerdan The Seventh Seal por una partida de ajedrez.
Pero el verdadero legado de Bergman nunca fue el tablero.
Fue la pregunta.
Esa pregunta incómoda que reaparece en Scott Walker, en David Bowie, en Depeche Mode, en Dead Can Dance, en Joy Division, en Bauhaus, en Iron Maiden, en Candlemass, en Current 93 y en cientos de artistas que han intentado dialogar con el mismo misterio.
¿Qué hacemos mientras esperamos?
La respuesta de Bergman fue hacer cine.
La respuesta de muchos músicos fue hacer canciones.
Y quizá la nuestra sea simplemente seguir escuchándolas.
Porque al final nadie vence a la Muerte.
Pero algunos consiguen dejarle una banda sonora memorable mientras esperan su próximo movimiento.
Sugerencia de mentemente
El mayor horror no es lo desconocido, sino lo que la mente es incapaz de aceptar. En esta historia, Lovecraft sigue a un hombre que pierde la memoria de años enteros de su vida sin explicación. Con el tiempo descubre que no se trata de una enfermedad, sino de algo mucho más perturbador. Su mente habría sido desplazada por la de una entidad que existe fuera de su tiempo. A partir de ahí, el relato se construye entre recuerdos ajenos, conocimiento imposible y una sensación constante de no pertenecer a uno mismo. Más que terror directo, es una historia que cuestiona la identidad y deja una idea inquietante. La mente puede no ser tan propia como creemos.
Fuente: https://archive.org/details/lasombramasallad0000love
Sugerencia de León Gómez (EMU Rock & Metal)
En nuestra última edición de EMU Rock and Metal Edición Metal Underground del miércoles en el segmento “Desiderata Rock” a través de MenteMente radio. Recomendamos el libro titulado “La Historia Secreta Del Disco» de Peter Shaphiro edición de 2012.
Créditos Imagen Libro: El Argonauta.
Películas diversas que siempre son bienvenidas en nuestras vidas.
Sugerencia de mentemente
El pasado es solo una historia que nos contamos a nosotros mismos. La película sigue a alguien que atraviesa una ruptura y se queda con esa sensación de vacío que no se llena fácil. En medio de eso, empieza una relación que le devuelve algo que parecía perdido, la posibilidad de sentirse acompañado y entendido. Esa conexión crece desde lo emocional. Se construye en conversaciones, en momentos íntimos, en esa sensación de que alguien realmente está ahí. Con el tiempo, la relación empieza a cambiar y con ella también la forma en que él se ve a sí mismo. Lo que parecía una solución se transforma en otra cosa, más compleja, más difícil de sostener. La película deja una moraleja profunda, querer a alguien no siempre significa poder quedarse.
Fuente: https://youtu.be/dJTU48_yghs
Sugerencia de León Gómez (EMU Rock & Metal)
En nuestra última edición de EMU Rock and Metal Edición Metal Underground en el segmento “Cinema Rock” a través de MenteMente radio. Recomendamos la cinta titulada “La Tarta Del presidente” de 2025
Fuente: https://youtu.be/S8LLGY09cW0
Importante, Existen tantas, pero tantas radios y medios de comunicación dedicados a la política, que de verdad creemos que no hace falta una más. Desde mentemente, consideramos que la política es un tema tan personal, así como lo es la espiritualidad, que no somos nada, ni nadie para interferir en tan empantanados asuntos; por el contrario, sentimos que hace mucha falta tener un refugio artístico-cultural para retomar el aliento y continuar día a día despertando con infinita curiosidad, ilusionados con el futuro; y a su vez, motivados en navegar a través de este presente tan maravilloso y complejo en el que nos encontramos, especialmente para aquellos que no disfrutamos de las tendencias y/o de las modas.
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