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Esta obra consta en listas de obras de arte que deberíamos conocer en el transcurso de nuestras vidas.
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Yá está disponible en el universo digital el Ep del Grave Jumper.
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El humor, como todo en esta hermosa y mágica vida, es diverso, y aquí encontrarás de todo un poco.
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Sugerencia de Canto de Tutivillus
Por: Miguel Aucatoma S.
El ser humano es vulnerable, pero a su alrededor ha creado agrupaciones, sistemas y métodos que aplacan esa vulnerabilidad, eso ha colocado su presencia en la cúspide de supervivencia, presencial global y control. Las herramientas, manuales o tecnológicas, minimizan las deficiencias humanas en fuerza, o agilidad, en composición o creación incluso. Los análisis que emprendemos nos adelantan situaciones de riesgo y buscamos como aprovechar las características repetitivas de ciertos sucesos naturales convirtiéndolos en razonamientos que luego son aprovechados por el conjunto humano. Sin embargo, no solo existen factores deficientes que mostramos al exterior, sino que debido al mismo impulso gregario va generando relaciones sociales e interacciones cuya complejidad también es fuente de inseguridades.
La privacidad es uno de esos métodos que hemos desarrollado para cubrir los riesgos inherentes al desarrollo del ser, viene a ser la llave que desbloquea los aspectos del ser humano que son más personales e íntimos, aspectos que nos definen y nos muestran más frágiles socialmente: el cuerpo desnudo, las enfermedades pasadas, presentes y posibles futuras; la historia sexual y sus fantasías; los miedos, las pérdidas, los fracasos; lo peor que se ha hecho, dicho y [hasta] pensado en la vida; las insuficiencias, los errores, los traumas, el momento en el que más vergüenza se ha sentido, esa relación familiar que se desearía no tener, la peor noche de la vida, y un largo etcétera que gira frente al modo social y sus trances. La corta obra de teatro de cuatro personajes «Huis Clos», “A puerta cerrada” es la fuente de la, quizás, más famosa frase del filósofo Sartre: «El infierno son los otros» («L’enfer, c’est les autres»), en esta obra de 1944, Sartre describe el infierno que vive el hombre contemporáneo por el tormento que le inflige la mirada de sus semejantes, reveladora de la distancia entre lo que él realmente es y lo que quisiera ser, me atrevo a decir que en la mitad de este planteamiento reside la privacidad como rejilla: deja entrar luz, pero salir solo lo que permitimos.
“GARCIN.—La estatua… (La acaricia.) ¡En fin! Éste es el momento. La estatua está ahí; yo la contemplo y ahora comprendo perfectamente que estoy en el infierno. Ya os digo que todo, todo estaba previsto. Habían previsto que en un momento…, este…, yo me colocaría junto a la chimenea y que pondría mi mano sobre la estatua, con todas esas miradas sobre mí… Todas esas miradas que me devoran… (Se vuelve bruscamente.) ¡Cómo! ¿Sólo sois dos? Os creía muchas más. (Ríe.) Entonces esto es el infierno. Nunca lo hubiera creído… Ya os acordaréis: el azufre, la hoguera, las parrillas… Qué tontería todo eso… ¿Para qué las parrillas? El infierno son los otros.”
Cuando se abre esa rejilla llamada privacidad, a alguien que nos ama, nos permitirá disfrutar de la cercanía, y en mayor medida, ese alguien la usará para beneficiarnos. Parte de lo que significa estar cerca de alguien es la manera en la que nos relacionamos compartiendo lo que nos hace vulnerables, darle al otro el poder de hacerte daño y confiar en que esa persona nunca se aprovechará de la posición privilegiada que otorga la intimidad. Verbigracia, las personas que nos aman podrían tener en cuenta nuestros miedos más oscuros para mantenernos a salvo de las cosas que nos preocupan; usar nuestra fecha de nacimiento para organizarnos una fiesta sorpresa; tomarán nota de nuestros gustos para encontrarnos “el regalo perfecto”.
Empero, no todo el mundo utilizará el acceso a la vida personal en mutuo interés. Por eso cuando una relación acaba mal, lo primero que se trasgrede es la privacidad, ese círculo íntimo que queda expuesto. Esto es solo una parte que se exacerba en los delincuentes: los estafadores pueden usar nuestra fecha de nacimiento para hacerse pasar por uno mismo mientras cometen un delito; los charlatanes podrían utilizar sus gustos para atraernos a un mal negocio; Los enemigos pueden usar nuestros recelos más oscuros para amenazarnos y sin duda extorsionarnos. La privacidad es importante porque la falta de ella les da a otros poder sobre cada uno.
Un ser particular podría pensar que no tiene nada que ocultar, nada que temer. Está equivocado, a menos que sea un exhibicionista con deseos masoquistas de sufrir robo de identidad, discriminación, desempleo, humillación pública y totalitarismo, entre otras desgracias. Hay mucho que ocultar, mucho que temer, y el hecho de que una persona no entregue copias de las llaves de sus propiedades a extraños o publica las contraseñas así lo demuestra.
Podríamos pensar que nuestra privacidad está segura porque uno—en términos generales—no es nadie: no hay nada especial, interesante o importante que mostrar, nos consideramos en mayoría, personas normales. No te menosprecies. Si no fueras tan importante, las empresas y los gobiernos no se tomarían tantas molestias para almacenar el historial de tus acciones.
Como ser social existen pocas cosas que pueden llamarse propias: te pertenece tu atención, tu presencia, tu ánimo y, por tanto, como en cualquier cacería todos lucharán por obtener lo que es tuyo. Quieren saber más sobre usted para saber cuál es la mejor manera de distraerlo, incluso si eso significa alejarlo del tiempo de calidad con sus seres queridos o incluso de las necesidades humanas básicas como dormir o comer. Tienes dinero, aunque no sea mucho: las empresas quieren que gastes o te endeudes para ellas y no para la competencia. Los “piratas informáticos”, ciberdelincuentes están ansiosos por hacerse con información o imágenes confidenciales para poder hacer chantajes. Las compañías de seguros también quieren nuestro dinero, siempre y cuando usted no sienta que corre demasiado riesgo, y necesitan nuestros datos para evaluarnos y ser candidatos o desecharnos. Probablemente te halles en edad de trabajar: Las empresas quieren saber todo sobre a quién están contratando.
Como seres humanos, nos pertenece nuestro cuerpo, un organismo: a las instituciones les encantaría saber más sobre él, tal vez experimentar con él y aprender más sobre otros organismos como el que tenemos, o cómo ese organismo es incentivo de otros en varios aspectos fisiológicos a modo de un intercambio monetario. Nos pertenece la identidad, eso que nos define de manera única, si en una sociedad atiborrada se puede clamar por unicidad: los delincuentes pueden usar nuestros números únicos para cometer delitos en nuestro nombre y que seas quien pague su factura. Tienes conexiones personales: eres un punto de conexión en una red de personas, un nodo: Eres descendiente de alguien, vecino de alguien, maestro, aprendiz, contratista, barbero o dentista de alguien. A través de ti, pueden llegar a otros. Por eso las aplicaciones te piden acceso a tus contactos. Tienes voz: a todo tipo de agentes les gustaría utilizarte como portavoz en sus campañas, no importa si no se nota que lo estás siendo. Tenemos voto: las fuerzas nacionales y, en algunos casos, extranjeras quieren que nominemos al candidato que defenderá sus intereses (los de ellos, no necesariamente los nuestros).
Como se puede ver, eres una persona muy importante. Eres una fuente de poder.
El poder que surge como resultado de conocer detalles personales de alguien es un tipo de poder muy particular. El poder privado es un tipo distinto de poder, pero también permite a quienes lo detentan la posibilidad de transformarlo en poder económico, político y de muchos otros tipos. El poder sobre la privacidad de los demás es el tipo de poder por excelencia en la era digital, por eso, desde que se analizan y se revisan las tendencias de ciberseguridad o de la protección de datos el aspecto de privacidad nunca ha dejado de aparecer en algún ítem y es muy poco probable que deje de suceder su presencia, porque el acto comunicativo y de intercambio, impulsado o no por la tecnología es un factor humano que mientras más colaborativa sea la sociedad, mayor debe ser su entendimiento de alcance ₻
Por: Stalin Cardenas (Spa Musical)
Si quieres ver la película da clic en el flyer, esta subido a youtube en VOSE
Existen películas que envejecen. Otras que sobreviven. Y unas pocas que parecen escapar al tiempo para convertirse en lugares a los que regresamos una y otra vez. Stalker, dirigida por Andréi Tarkovski y estrenada en 1979, pertenece a esta última categoría.
Considerada una de las obras maestras del cine del siglo XX, Stalker suele ser catalogada como ciencia ficción. Sin embargo, hacerlo resulta casi una injusticia. Mientras gran parte del cine de ciencia ficción de los años setenta miraba hacia el espacio exterior, la tecnología o los futuros distópicos, Tarkovski decidió dirigir la mirada hacia el territorio más complejo e inexplorado de todos: la conciencia humana.
Basada libremente en la novela Picnic extraterrestre (1972) de los hermanos Arkady y Boris Strugatsky, la película narra el viaje de tres hombres —el Stalker, el Escritor y el Profesor— hacia un territorio prohibido conocido como «La Zona«. En su interior existe una misteriosa habitación capaz de conceder el deseo más profundo de quien logre alcanzarla.
Pero aquí aparece la genialidad de Tarkovski.
La Habitación no concede aquello que creemos desear.
Concede aquello que realmente habita en nuestro interior.
Y pocas cosas resultan tan peligrosas como descubrir la verdad sobre uno mismo.
Para comprender la importancia de Stalker es necesario situarse en su contexto histórico.
La película fue producida durante los últimos años de la Guerra Fría, en una Unión Soviética marcada por la burocracia, la vigilancia estatal y un creciente desencanto ideológico. Mientras Occidente imaginaba el futuro como una conquista tecnológica, Tarkovski percibía una crisis mucho más profunda: la pérdida de sentido espiritual en una sociedad obsesionada con el progreso material.
Aunque nunca se presenta una explicación definitiva sobre el origen de La Zona, la ambientación industrial abandonada, los paisajes contaminados y las ruinas tecnológicas parecen anticipar algunas de las grandes preocupaciones del mundo contemporáneo: el deterioro ambiental, la alienación tecnológica y la sensación de vacío existencial que acompaña a muchas sociedades modernas.
Vista desde el siglo XXI, Stalker resulta inquietantemente profética.
Aunque Stalker está basada principalmente en la novela Picnic extraterrestre (Roadside Picnic, 1972) de Arkadi y Boris Strugatski, resulta imposible ignorar ciertos paralelismos entre La Zona imaginada por Tarkovski y algunos de los episodios más inquietantes de la historia soviética.
Es importante ser precisos: no existe evidencia concluyente de que Andréi Tarkovski se inspirara directamente en el desastre nuclear de Mayak para crear Stalker. Sin embargo, el director vivía en una Unión Soviética marcada por el secretismo estatal, los accidentes industriales ocultos y la existencia de territorios restringidos que permanecían fuera del conocimiento público. En ese contexto, la frontera entre la realidad y la ficción resultaba mucho más difusa de lo que parecía.
Décadas después, muchos historiadores y críticos han observado sorprendentes similitudes entre La Zona y algunos lugares reales de la geografía soviética.
En septiembre de 1957 ocurrió el llamado Desastre de Kyshtym, considerado uno de los peores accidentes nucleares de la historia y durante décadas ocultado por las autoridades soviéticas.
La explosión de un depósito de residuos radiactivos en el complejo nuclear Mayak liberó una enorme cantidad de contaminación sobre extensas regiones de los Urales. Miles de personas continuaron viviendo durante años en áreas afectadas sin conocer plenamente los riesgos. Aldeas enteras fueron evacuadas o desaparecieron de los mapas. Bosques, caminos y campos quedaron marcados por una presencia invisible y mortal.
Vista desde la actualidad, la imagen resulta inquietantemente familiar.
Territorios prohibidos.
Paisajes aparentemente normales.
Amenazas invisibles.
Lugares donde nadie debería entrar.
Resulta difícil no pensar en La Zona de Stalker.
Quizás uno de los aspectos más fascinantes de la película sea su carácter casi profético.
Stalker llegó a las salas en 1979.
Siete años antes del desastre de Chernóbil.
Décadas antes de Fukushima.
Mucho antes de que las imágenes de ciudades abandonadas y zonas de exclusión nuclear se instalaran en el imaginario colectivo.
Hoy, cuando observamos los paisajes desolados de la película, pensamos inmediatamente en Prípiat, reactores abandonados y territorios contaminados. Pero Tarkovski imaginó ese universo antes de que el mundo conociera la magnitud de esas tragedias.
Por eso Stalker no parece una película envejecida.
Parece una advertencia.
Como si la propia película estuviera destinada a quedar envuelta en una atmósfera de misterio, su producción estuvo marcada por numerosos problemas.
El material filmado originalmente resultó prácticamente inutilizable debido a errores durante el revelado, aunque hay quienes apuntan a que el metraje original de la película fue destruido cuando se envió al laboratorio de revelado para realizar algunas correcciones. Gran parte de la película tuvo que rodarse nuevamente desde cero. El director de fotografía fue reemplazado, el presupuesto aumentó considerablemente y las tensiones con las autoridades soviéticas se intensificaron durante el proceso.
Con el paso de los años, surgió además una leyenda inquietante.
Andréi Tarkovski, Anatoli Solonitsyn —quien interpretó al Escritor— y Nikolái Grinko —el Profesor— fallecieron de cáncer años después del rodaje. Algunos colaboradores especularon que ciertas localizaciones industriales utilizadas para filmar podrían haber estado contaminadas por residuos tóxicos o químicos.
Nunca se demostró una relación causal.
Probablemente nunca pueda demostrarse.
Pero la coincidencia terminó alimentando el mito de una película obsesionada precisamente con territorios donde lo invisible altera la vida de quienes se atreven a cruzar sus fronteras.
Y así, de manera casi irónica, la realidad terminó pareciéndose a una de las grandes obsesiones de Tarkovski: la imposibilidad de separar completamente el mundo material de aquello que permanece oculto bajo su superficie.
Si Sigmund Freud hubiera visto Stalker, probablemente habría hablado de deseos reprimidos.
Carl Jung, en cambio, habría reconocido algo aún más profundo.
La Zona puede interpretarse como una representación simbólica del inconsciente.
Un territorio donde las reglas racionales dejan de funcionar.
Un espacio donde la lógica ya no es suficiente.
Un lugar donde cada individuo debe enfrentarse a aquello que normalmente evita ver.
Desde una perspectiva jungiana, el viaje hacia La Habitación representa el proceso de individuación: el encuentro con la Sombra, con los deseos ocultos y con aquellas partes de nuestra personalidad que preferimos mantener ocultas incluso ante nosotros mismos.
Por eso ninguno de los personajes parece realmente preparado para llegar al final.
La pregunta central de Stalker no es si la Habitación funciona.
La verdadera pregunta es:
¿Estás seguro de querer descubrir quién eres realmente?
La música ocupa un lugar fundamental dentro de la experiencia de Stalker.
El compositor ruso Eduard Artemyev, colaborador habitual de Tarkovski, desarrolló una banda sonora radicalmente diferente a la que el público esperaba de una película de ciencia ficción.
En lugar de fanfarrias futuristas o grandes temas orquestales, Artemyev combinó sintetizadores analógicos, manipulación electrónica, sonidos ambientales y elementos de música tradicional oriental.
El resultado no busca acompañar la acción.
Busca alterar la percepción.
La música aparece y desaparece como si surgiera directamente de La Zona.
No intenta emocionar.
Intenta transformar el estado mental del espectador.
Décadas después, muchas de estas ideas serían fundamentales para el desarrollo de géneros como el ambient, el dark ambient y buena parte de la música experimental contemporánea.
La influencia de Tarkovski se extendió mucho más allá del cine.
Numerosos músicos encontraron en Stalker una fuente de inspiración estética, filosófica y emocional.
Las atmósferas contemplativas y suspendidas de discos como Ambient 4: On Land parecen dialogar directamente con los espacios abandonados de La Zona. La idea de que la música pueda funcionar como un entorno psicológico tiene mucho en común con la forma en que Tarkovski construye sus paisajes cinematográficos.
La película está ambientada en un lugar enigmático, post-apocalíptico y orgánico conocido como La Zona, donde la naturaleza parece cobrar vida y reaccionar ante los humanos. Eno quería crear exactamente eso: paisajes sonoros oscuros y boscosos que evocaran lugares reales pero imaginados, utilizando sonidos de la naturaleza (graznidos de aves, insectos, agua) en lugar de melodías tradicionales.
En álbumes como Substrata, Geir Jenssen (la mente detrás de Biosphere) siempre ha reconocido que el universo visual y filosófico de Tarkovski fue una de sus grandes inspiraciones creativas, el músico noruego Biosphere construye paisajes sonoros fríos, aislados y melancólicos que evocan la sensación de recorrer una Zona abandonada décadas después de la desaparición de la humanidad.
El disco tiene un sonido de «belleza envuelta en desolación», muy similar al viaje lento, reflexivo y psicológico a través de La Zona en la película, Jenssen utilizó varios fragmentos de voces y diálogos en el álbum; de hecho, una de las pistas más famosas contiene un sample tomado directamente de la película
Aunque no existan demasiadas referencias directas a Stalker dentro del post-punk, gran parte de su universo emocional parece haber encontrado eco en este movimiento musical.
Podríamos establecer un paralelismo temático: Stalker y la música de Closer de Joy Division, exploran la desolación, el vacío existencial y la fe en un mundo moderno devastado. La atmósfera es similar, aunque con visiones ligeramente distintas: Tarkovski buscaba cierto misticismo y trascendencia, mientras que la pluma de Ian Curtis suele ser más cruda y nihilista. Canciones como The Eternal exploran la fragilidad humana, la incertidumbre y el vacío existencial de una forma sorprendentemente cercana a la visión de Tarkovski.
En el darkwave y el rock gótico ocurre algo similar. Bandas como Clan of Xymox o The Sisters of Mercy construyeron paisajes emocionales donde la introspección, la soledad y la búsqueda de significado ocupan un lugar central.
No es casualidad.
Tanto Tarkovski como el post-punk surgieron en una época donde muchas certezas comenzaban a derrumbarse.
La influencia de Stalker puede rastrearse también en generaciones posteriores.
Las películas de Tarkovski, como Stalker (o Solaris -de la cual podríamos hablar en otro momento-), presentan escenarios donde las leyes de la física, la memoria y la realidad se desmoronan. La sensación de desorientación tecnológica presente en Kid A y Amnesiac de Radiohead encuentra sorprendentes paralelismos con el mundo incierto y ambiguo que habitan los personajes de Tarkovski. De manera análoga, Kid A representó un abandono radical del rock tradicional hacia paisajes sonoros electrónicos, generando una sensación de pérdida de referentes y desorientación en el oyente
Por su parte, Nine Inch Nails heredó la combinación de decadencia industrial, espiritualidad y angustia existencial que atraviesa buena parte del cine del director ruso.
La tecnología deja de ser una promesa.
Se convierte en un paisaje en ruinas.
En la filmografía de Tarkovsky, los entornos suelen ser ruinas postapocalípticas, estructuras abandonadas o parajes donde la naturaleza devora a la tecnología olvidada. Musicalmente, NIN traduce esto al Rock Industrial, utilizando sonidos metálicos distorsionados y el ruido blanco para simbolizar el colapso del entorno moderno.
Espiritualidad y Angustia Existencial
Ambos creadores comparten una profunda preocupación por el alma humana atrapada en crisis existenciales, lidiando con la fe, el aislamiento y la alienación del individuo frente a un mundo opresivo.
La conexión artística entre ambos es profunda, ya que Trent Reznor ha evolucionado desde el rock visceral de los 90 hacia la creación de texturas ambientales oscuras—junto a su colaborador Atticus Ross— en Nine Inch Nails y su Ghosts. El uso de los sintetizadores y los silencios tensos en estos trabajos evoca la misma atmósfera reflexiva e hipnótica del cine de Tarkovsky.
Quizás el legado más profundo de Stalker no se encuentre en una imagen, una escena o una influencia cinematográfica específica.
Quizás se encuentre en el silencio.
Antes de Tarkovski, el silencio solía entenderse como un espacio vacío entre acontecimientos. Una pausa narrativa. Un intervalo entre dos acciones.
Después de Tarkovski, el silencio adquirió otra dimensión.
Se convirtió en una herramienta expresiva.
En una presencia.
En una forma de lenguaje.
En Stalker, los largos planos contemplativos, el sonido distante del agua, el viento recorriendo estructuras abandonadas o el eco metálico de espacios industriales crean una experiencia donde el silencio deja de ser ausencia para transformarse en significado. Tarkovski comprendió que el vacío puede contener más información emocional que el ruido constante.
Curiosamente, una filosofía similar puede encontrarse décadas después en la obra del compositor y productor argentino Gustavo Santaolalla.
Aunque pertenecen a disciplinas diferentes, ambos parecen compartir una misma intuición artística: la idea de que eliminar elementos puede ser tan poderoso como añadirlos.
Donde Tarkovski vacía la pantalla de acontecimientos, Santaolalla vacía la música de adornos innecesarios.
Donde Tarkovski prolonga un plano hasta obligarnos a contemplarlo, Santaolalla deja que una nota respire hasta desaparecer completamente antes de tocar la siguiente.
La estética es distinta.
El principio es el mismo.
Puede escucharse claramente en las bandas sonoras de Babel, Brokeback Mountain o The Last of Us. El ronroco, la guitarra y los silencios que rodean cada nota generan una sensación de espacio emocional muy similar a la que Tarkovski construía mediante sus imágenes.
No se trata de llenar el vacío.
Se trata de escucharlo.
Desde una perspectiva psicológica, ambos artistas parecen comprender algo que Carl Jung intuyó durante toda su obra: que el ser humano necesita espacios de silencio para encontrarse consigo mismo. El inconsciente rara vez habla en medio del ruido. Sus mensajes suelen aparecer cuando la actividad exterior disminuye.
Por eso los silencios de Tarkovski y Santaolalla resultan tan poderosos.
No interrumpen la experiencia.
La profundizan.
Nos obligan a participar.
Nos convierten en cómplices de la obra.
Y quizá por eso sus creaciones suelen producir una sensación difícil de describir con palabras: la impresión de estar contemplando algo inmenso, antiguo y profundamente humano.
Podríamos decir que Santaolalla hizo con el sonido algo muy parecido a lo que Tarkovski logró con la imagen.
Ambos transformaron el vacío en un territorio habitable.
Ambos entendieron que la ausencia también puede contar historias.
Y ambos demostraron que, en ocasiones, lo más importante de una obra no es aquello que muestra, sino aquello que deja resonando cuando parece haber terminado.
A diferencia de otras obras fundamentales de la ciencia ficción, Stalker no intenta responder preguntas.
Las multiplica.
Por eso sigue siendo una película tan poderosa más de cuatro décadas después de su estreno.
No habla sobre extraterrestres.
No habla sobre tecnología.
No habla sobre el futuro.
Habla sobre nosotros.
Sobre nuestros deseos.
Sobre nuestros miedos.
Sobre aquello que buscamos cuando creemos estar buscando otra cosa.
Quizás por eso músicos, escritores, filósofos y psicólogos continúan regresando a La Zona.
Porque Tarkovski entendió algo que Carl Jung también sabía:
Los viajes más peligrosos no son los que hacemos hacia lugares desconocidos.
Son los que emprendemos hacia nuestro propio interior.
Y mientras sigamos haciéndonos preguntas sobre quiénes somos y qué deseamos realmente, las puertas de La Zona permanecerán abiertas.
Esperando al próximo viajero.
Sugerencia de mentemente
En un sentido muy real, todos tenemos dos mentes: una que piensa y otra que siente. Este libro se enfoca en cómo las emociones atraviesan la vida cotidiana. Están presentes en decisiones, en conflictos, en relaciones y en la forma en que cada persona reacciona ante lo que le pasa. A lo largo de sus páginas aparecen temas como el autocontrol, la empatía y la capacidad de reconocer lo que uno siente en el momento en que ocurre. También muestra cómo ciertos impulsos pueden definir situaciones completas si no se comprenden a tiempo. La lectura deja una idea concreta y es que entender las emociones cambia la forma en la que se viven y en la que se construyen los vínculos. 24 horas en la vida de una mujer de Stefan Zweig.
Fuente: https://podtail.com/podcast/penguin-audio/audiolibro-la-inteligencia-emocional-daniel-golema/
Sugerencia de EMU Rock & Metal
En nuestra última edición de EMU Rock and Metal Edición Metal Underground del miércoles 29 de octubre en el segmento “Desiderata Rock” a través de Mente Mente radio. El libro titulado: «Rock & Arte». En su edición de 2018. Escrito por Ezio Guaitamacchi y Leonardo Follieri, explora la profunda conexión entre la música rock y las diferentes expresiones de las artes visuales.
Películas diversas que siempre son bienvenidas en nuestras vidas.
Sugerencia de mentemente
A veces el miedo no grita: zumba, respira y no te deja salir. Esta película sigue a Henry Spencer, un hombre atrapado en un paisaje industrial que parece una pesadilla sin descanso, mientras enfrenta una paternidad que lo desborda por completo. Todo se mueve entre imágenes en blanco y negro, sonidos mecánicos y una criatura que llora sin cesar. Y no hay un momento claro donde la angustia empiece, porque desde el inicio todo parece ya contaminado por una incomodidad que no afloja. Lo que más se siente es ese encierro constante. No hay grandes giros ni explicaciones claras; todo es una presión que va creciendo poco a poco. Es algo que se te mete adentro y te incomoda. Al final cuesta explicarla con palabras, pero es muy fácil decir cómo te hizo sentir. No es confusa por vacío; trabaja con la ansiedad, el sonido y las imágenes de una forma muy particular. Te deja con esa sensación pesada de haber estado en un lugar oscuro… y de que una parte de eso se quedó contigo.
Fuente: https://youtu.be/4plqh6obZW4
Sugerencia de EMU Rock & Metal
En nuestra última edición de EMU Rock and Metal Edición Metal Underground en el segmento “Cinema Rock” a través de Mente Mente radio. Linoleum, una película estadounidense de ciencia ficción, comedia y drama de 2022 escrita y dirigida por Colin West.
Fuente: https://youtu.be/qZN7GOf7N4g
Importante, Existen tantas, pero tantas radios y medios de comunicación dedicados a la política, que de verdad creemos que no hace falta una más. Desde mentemente, consideramos que la política es un tema tan personal, así como lo es la espiritualidad, que no somos nada, ni nadie para interferir en tan empantanados asuntos; por el contrario, sentimos que hace mucha falta tener un refugio artístico-cultural para retomar el aliento y continuar día a día despertando con infinita curiosidad, ilusionados con el futuro; y a su vez, motivados en navegar a través de este presente tan maravilloso y complejo en el que nos encontramos, especialmente para aquellos que no disfrutamos de las tendencias y/o de las modas.
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